Hoy quiero hablarles de algo que nos toca el alma y el intelecto: el cuidado. La Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) recientemente acaba de declarar que el cuidado es un derecho humano básico, ineludible y universal1. Para nosotras, las exalumnas de La Enseñanza, esta no es una noticia más, es una validación de nuestra esencia. Desde la creación del Programa Juanitas, hemos entendido que el cuidado compasivo es un motor de cambio y transformación social. No solo se trata de la empatía, sino también de la acción consciente de construir un mundo más justo y humano. Y, ahora, la sociedad y la jurisprudencia² corroboran nuestras intenciones y postulados respecto a este tema : el cuidado es un pilar de la sociedad. Esto, además, nos lleva a reflexionar sobre la economía del cuidado. Por años, el trabajo de miles de mujeres y hombres ha sido invisible, pero hoy sabemos que es un motor económico fundamental. Esta declaración de la Corte IDH nos invita, hoy más que nunca, a seguir en la vanguardia en cuanto a la oferta de formación en el cuidado y, por qué no, a ser aportantes como empresa social en la formulación de modelos pedagógicos que formalicen, legitimen, reconozcan y promuevan una empleabilidad y remuneración cada vez más justa de este oficio en nuestra sociedad. Además, nos conecta con una de las fuerzas más poderosas del futuro: la economía plateada o silver. Como líderes, estamos llamadas a entender y diseñar soluciones que dignifiquen la vejez y promuevan el bienestar de nuestros mayores. El cuidado no es solo un derecho para los jóvenes, es también una necesidad urgente en otros rangos poblacionales y una oportunidad de crecimiento para todos. La Corte IDH ha sido clara: el derecho al cuidado también tiene la dimensión de «cuidar«. Esto implica que los cuidadores tienen derecho a ser protegidos y a que su labor sea reconocida. Se trata, además, de asegurar condiciones justas, acceso a capacitación, descanso adecuado y protección contra la sobrecarga física y emocional. Esta es una responsabilidad del Estado, pero también de la sociedad en su conjunto. Debemos abogar para que la labor de quienes cuidan, remunerada o no, deje de ser invisible y sea valorada como uno de los pilares que sostiene a las familias y a la comunidad.
Mirando hacia atrás, nos damos cuenta de que hemos estado en este camino desde hace más de 40 años. Pensemos en las redes de apoyo que hemos construido, en las iniciativas que hemos impulsado y en cómo hemos ayudado, no solo a tantas personas a tener una vida más digna, sino también a generar empleabilidad en nuestra región. Por ende, es momento de sentir orgullo por lo que hemos logrado y, claro está, mirar hacia el futuro con mucha determinación de seguir creciendo como empresa social.

Las invito a ser parte activa de esta nueva era. Usemos nuestra voz, nuestro talento y nuestra pasión para que el cuidado sea cada vez más visible, valorado y justo. El legado de la Enseñanza que recibimos está en cada una de nosotras y es el momento de usarlo para construir un futuro mejor para nuestra comunidad, para nuestras familias… para todos. Si quieres conocer más sobre el Programa Juanitas, te invitamos a consultar nuestra página web o, si lo prefieres, puedes también visitarnos en la Asociación y conversar alrededor de un café. Con el corazón en el trabajo y la mente en el futuro, Marcela Isaza PeláezDirectora Ejecutiva
¹Corte Interamericana de Derechos Humanos. https://www.corteidh.or.cr/docs/comunicados/cp_55_2025.pdf²Ley 2460 de 2025 Congreso de la República: https://www.funcionpublica.gov.co/eva/gestornormativo/norma.php?i=260636
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